
Siempre estuve seguro de que más de 25 años en el mundo de la publicidad y el mercadeo eran suficientes para mantener mi seguridad y confianza como profesional y persona en una carrera ascendente, sólida y sin mayores tropiezos, todo estaba alineado, no había nada para preocuparse, nada que pudiera tocarme.
En 2021 saliendo del encierro y apenas tratando de entender los estragos y los nuevos aprendizajes que había dejado la pandemia, mi vida y carrera dieron un giro de 180 grados mostrándome una realidad que se alejaba de mi creencia y autopercepción.
Meses de zozobra empresarial y humana llegaron a su fin cuando la noticia de la fusión finalmente se formalizó; negociaciones, acuerdos, intereses, alianzas y decisiones tomadas por ejecutivos en otro lado del mundo, se materializaban impactándome de frente y de manera contundente al igual que a otro gran número de colegas en este lado del planeta.
Para la nueva historia corporativa que se construiría, ya no tendríamos tarjeta de acceso.
El puente colgante de la transición
El ego que no desperdicia oportunidad, se reía a la cara de mi ingenuidad adulta preguntándome a cada segundo ¿por qué yo?.
Tras un cierre corporativo respetuoso y digno, me vi por primera vez y a mis 47 años en un punto neutro, silencioso y sin mucha claridad del próximo paso a dar, pues aun reconociendo mi experiencia, fortalezas, entendimiento del negocio y apertura al cambio, me sentía fuera de la foto frente al nuevo mundo que estaba empezando a mostrarse.
Fue como despertar con resaca y desnudo en la calle de una ciudad desconocida… ¿a quién llamo?, ¿hacia dónde me muevo?, ¿mis credenciales y experiencia son atractivas?, ¿qué voy a hacer?, mil preguntas matizadas, además con la estupidez de no querer mostrarme vulnerable, en bola puede que sí, pero vulnerable ni de vaina.
Tomé aire, me sacudí el lamento y me di a la tarea de ponerme al día apoyado por expertos en outplacement y armé un plan, arranqué con todo el impulso y la actitud buscando oportunidades, postulando, citando, escribiendo, almorzando, cenando, llamando y agotando todas las opciones que, en gerundio, conocía o me sugerían.
De inmediato y como un boomerang, este esfuerzo regresó para mostrarme gente maravillosa deseosa de apoyar pero sin muchas oportunidades ni contactos que ofrecer; también me mostró a otras personas que tras años de conocernos, olvidaron mi nombre porque no traía el apellido del cargo que ostentaba pero, por sobre todas las cosas, me abrió los ojos a un mercado profesional transformado, enfocado en perfiles más multitarea, más económicos, más digitales y con diferentes prioridades, ante el cual de repente me sentí más análogo que nunca.
Ahora Seniority y ego reían más fuerte mientras mi yo quedaba pasmado, fue un portazo en la nariz, me sentí perdido, nervioso y fuera de lugar, me cuestioné y me critiqué duramente hasta más no poder, era como estar parado en la mitad de un puente colgante a punto de caer, con vientos huracanados de frente y con la responsabilidad de mantenerme peinado.
Paren que me bajo
Todo cambiaba rápida y confusamente; cabeza, sentimientos y emociones se unían para convertirse en ansiedad y cambios de humor insostenibles, mi salud física y mental, impactadas, volaron junto con el sueño que dejó de visitarme en las noches, volviéndome irreconocible para mí y para los demás, la verdad me volví bastante insoportable.
En ese punto decidí que era suficiente.
Como diría el gran Cerati “todo se movió y es mejor quedarse quieto…”, eso hice, decidí desde la conciencia y la quietud volver al origen de todo, Yo.
Le di pausa a la búsqueda laboral y activé de manera consciente la búsqueda interna con el ánimo de conectar con todo lo que estaba pensando y sintiendo, este simple acto me llevó a descubrir con paciencia, compasión y sorpresa que mi estrés e incomodidad no estaban relacionados con no tener o conseguir un trabajo, estaban absolutamente conectados con el miedo.
No tenía miedo al cambio, tenía miedo a cambiar.
Los temores frente a lo desconocido, al fracaso, al quedar mal frente a otros, a sentir que retrocedía, a no estar a la altura de las expectativas, a sentirme desprotegido y otro sin fin de creencias y pensamientos limitantes jugaban en contra y me ponían fuera alejándome de mí esencia, en este punto pude reconocer que desde hacía bastante tiempo deseaba hacer algo distinto, algo con mayor sentido y propósito.
Entendí finalmente que el objetivo en ese punto ya no era encontrar un empleo, el objetivo real era retomarme para avanzar, eso me dio calma.
Si tú no decides, la vida lo hace por ti
A veces tomar decisiones puede ser una tarea jodida y más aún cuando tiene que ver directamente contigo y tu estabilidad, tuvo que llegar este quiebre para asumir que el burnout y la desmotivación los venía viviendo intensamente desde hacía al menos año y medio antes de mi salida y que siempre lo disfracé diciéndome “deja la bobada, ya llegará el momento adecuado para un cambio, todavía se puede seguir adelante”… no busqué el momento, éste me encontró.
Si bien todo lo que he contado en estas líneas puede resultar algo denso, la verdad es que pude avanzar rápidamente y con otro espíritu gracias a que trabajé con un especialista que me ayudó de manera increíble, a ver las cosas de otra manera y principalmente me ayudó a identificar, con mayor consciencia, qué era lo que me estaba detonando esa cadena de sentimientos para posteriormente tomar la riendas y hacerme cargo de la solución.
Levantar la mano y pedir ayuda también se vale.
De igual manera fue significativo que desde hace al menos diez años me he dedicado, paralelamente a mi profesión, a formarme en temas relacionados a la Inteligencia Emocional, la neurociencia, el coaching transpersonal y otras tantas corrientes enfocadas en el comportamiento humano y la salud mental, siempre con el objetivo de obtener herramientas para ser un mejor líder, un mejor comunicador, pero realmente hasta que no volteas los ojos y aplicas la teoría en ti, ésta simplemente sigue siendo eso, teoría.
Otros ojos, la misma mirada
Paralelo a poner en orden mi casa, empecé a coincidir con muchas otras personas, profesionales que estaban en esta misma situación de desempleo post pandémico después de una larga carrera, y los veía mucho más desconcertados y agobiados que yo, sin herramienta alguna para lidiar con sus angustias y sintiéndose debilitados como Sansón sin cabellera al no tener el cargo, sueldo, reconocimiento o empresa que les “representara y hablara” por ellos.
Y es que definitivamente encerrarse en uno mismo no es opción, las taras del ego nos impiden reconocer que recorrer el camino en soledad no es tan nice y únicamente cuando entras en ese lado oscuro te das cuenta de que necesitas hablar, necesitas preguntar, necesitas desahogarte y necesitas entenderte para soltar, para dar el primer paso.
Este fue el momento en el que entendí y conecté con lo que realmente deseaba hacer y con cuál sería mi siguiente paso.
Tantos años construyendo productos desde la estrategia y vendiendo marcas desde la creatividad, me permitieron ver de manera más clara que los seres humanos nos comportamos como estas ¿o viceversa?, Lo cierto es que siempre necesitamos regresar a nuestra esencia y así reconectar con todo aquello que nos hace diferentes y únicos para, de esta manera, convertirnos en nuestra mejor versión, una versión más real, honesta y empática que nos permita movernos de manera más libre y con una estrategia más sólida por la vida.
He aquí la razón que me llevó a dar un timonazo. Hoy dos años después, como propósito de vida y nuevo oficio, me he dedicado desde la humildad, la empatía, la estrategia, la experiencia, la preparación y las múltiples herramientas que he obtenido en el camino, a acompañar como coach a ejecutivos, equipos y empresas que van desde lo creativo hasta lo tecnológico, y a toda persona que esté dispuesta a realizar una transición que le permita avanzar y crecer con la convicción de que cada situación por complicada que sea, llega para mostrarnos la manera en que siempre podremos ser mejores.
Vivo con más de sosiego, claridad, presencia y agradecimiento, entendiendo, aceptando y usando a favor los cambios y retos que no dejan de aparecer; puedo decir con certeza que la motivación de servir, acompañar y aprender constantemente de personas a las cuales también puedo aportar para que conecten con su esencia y propósito en estos tiempos de Inteligencia Artificial, platillos voladores, síndrome del impostor, guerras sin sentido y economías nada económicas… es algo que “no tiene precio…“